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La metodología organiza el conocimiento. La práctica lo convierte en experiencia.

4 sept
5 min de lectura

Empieza septiembre. Empieza un nuevo curso, un nuevo “año escolar”. Debo confesarte que los septiembres me encantan y, al mismo tiempo, me abruman. Me abruman los lanzamientos. La cantidad de información buscando su lugar en un terreno cada vez más cargado de contenido fast food, contenido ready-to-go, algo nuevo cada segundo, en cada scroll, a la hora más buscada, en el lugar más maravilloso… Sí, todo eso también me abruma.


Y, al mismo tiempo, me encanta el aroma de septiembre. El aroma de los inicios y de los reinicios. De los reencuentros. De volver a entrar en el fluido después de la primera Ola. De esa segunda, o quinta, vuelta en la que quizás el cuerpo ya recuerda. Y cuando el cuerpo recuerda, algo puede abrirse. Algo puede expandirse.


Este septiembre empezamos el 7º año de OLAS, nuestra clase semanal de 5Ritmos en Barcelona. Y esta clase es, para mí, la puerta de entrada a todo, todoooo lo que después amplio y extiendo desde algo aparentemente tan sencillo: nuestra práctica semanal de 5Ritmos.


Cada vez se habla más de prácticas. Práctica por aquí, práctica por allá. Y últimamente he estado reflexionando mucho sobre qué hace que algo sea realmente una práctica. Qué necesitamos para profundizar en ella. Y, sobre todo, qué es lo que yo valoro de la práctica de los 5Ritmos.


Y creo que una de las primeras respuestas está aquí: la práctica de los 5Ritmos está sostenida por una metodología. La metodología es el mapa que organiza una experiencia y nos ofrece una manera de recorrer un territorio.


Una metodología de movimiento es un sistema de principios, mapas, herramientas y propuestas que orientan la exploración del cuerpo y nos permiten acceder, de manera coherente y reconocible, a una determinada experiencia y comprensión. La metodología ofrece el marco y el lenguaje. La práctica es el acto de volver a ellos una y otra vez para encarnarlos y profundizar en su experiencia.


Porque una metodología no es simplemente una colección de ejercicios.

Ni una práctica es, en sí misma, la repetición de una metodología. Una práctica puede existir sin esa profundidad, y está bien. Puede ser beneficiosa, significativa y transformadora por sí misma.


Pero cuando una práctica está sostenida por una metodología, se abre la posibilidad de sumergirnos en un conocimiento más amplio y profundo. Los ejercicios dejan de ser propuestas aisladas y empiezan a formar parte de un mapa, de una investigación y de una manera de comprender la experiencia. La práctica no consiste únicamente en repetir la metodología. Consiste en volver a ella una y otra vez, desde lugares distintos, para descubrir cómo ese conocimiento puede encarnarse en cada momento.


Y quizás ahí está lo verdaderamente transformador: no en hacer más ejercicios, ni en repetirlos mejor, sino en permitir que la práctica nos conduzca cada vez más profundamente hacia el territorio que la metodología organiza y sostiene.


Es una forma coherente de organizar un conocimiento y de crear las condiciones para que ese conocimiento pueda ser explorado, vivido y transmitido.


La metodología crea el mapa. La práctica lo recorre. La experiencia lo encarna.


Una práctica corporal puede ser profundamente beneficiosa por sí misma. Puede ayudarnos a sentirnos mejor, a liberar tensión, a conectar con el cuerpo, a expresarnos, a descansar o a descubrir algo nuevo.

Pero cuando una práctica está sostenida por una metodología —por un cuerpo de conocimiento que ha sido organizado, estructurado, explorado y desarrollado— la práctica deja de ser únicamente una experiencia aislada y puede convertirse en un camino de investigación.


Los ejercicios ya no existen por sí mismos. Se convierten en puertas. Puertas diseñadas para experimentar, comprender y encarnar un conocimiento. Y cuando esa metodología está sostenida, a su vez, por una cosmología, el cuerpo puede convertirse en un lugar desde el cual explorar no solamente cómo nos movemos, sino también cómo comprendemos la vida, el ser y nuestra propia naturaleza.


Y aquí es donde, para mí, los 5Ritmos se vuelven infinitamente fascinantes.


Porque los 5Ritmos no son tan solo una práctica de movimiento.


La Ola es nuestra práctica principal, sí. Es el lugar al que volvemos una y otra vez. Pero, si has venido regularmente a mis clases o has participado en alguno de mis talleres, quizás ya hayas podido sentir que la Ola, en sí misma, es solo la punta del iceberg. Que este mapa es, en realidad, un mapa de mapas.


Que debajo de lo que podría parecer simplemente un viaje sonoro en el que bailar libremente como quieras, existe un cuerpo de conocimiento. Un pensamiento organizado. Una filosofía. Una determinada manera de comprender el cuerpo, el movimiento y el ser.


Una creencia profunda en que el cuerpo es el catalizador de la esencia rítmica del universo. En que todo lo que nos rodea vive, de alguna manera, en movimiento dentro de nuestro cuerpo. En que lo visible y lo invisible encuentran forma a través de nuestro movimiento. En que nuestras historias conocidas y desconocidas viven en nuestras células. En que nuestras relaciones están en relación con cada parte de nuestro cuerpo. Y en que nuestro lugar único en el universo es necesario que sea ocupado por nosotros. 


Así como nuestra danza única es necesaria en la pista de baile.


Sí, OLAS es una clase en la que practicamos los 5Ritmos. Pero también es una puerta de entrada a una cosmología. A un conocimiento que nos recuerda que el universo se mueve.

Que la energía se mueve en olas, patrones y ritmos. Y que nosotros también somos eso. Olas. Patrones. Energía. Ritmos. Una danza. Nada más. Nada menos.


Y quizás sea ahí donde la práctica adquiere una profundidad que nunca se termina. El mapa permanece.

Pero quien lo habita cambia. Cada vuelta nos permite comprender algo nuevo sobre nuestro cuerpo, nuestras relaciones, nuestros patrones y nuestra historia.


Y el cuerpo no es simplemente el objeto de la práctica. El cuerpo es el catalizador. El lugar donde el conocimiento se encuentra con la experiencia. Donde las ideas se vuelven algo vivido. Bailado. Respirado. Encarnado. Yo creo firmemente en el poder transformador de esta metodología. En la profundidad infinita que puede abrir una práctica regular: en las clases semanales, en los talleres, en los retiros, en cada nueva Ola.


Por eso quiero compartirte todo esto en esta Newsletter de septiembre.

Sí, hay mucha, mucha información. Pero es que este mapa es infinito.

Y, en el fondo, todo lo que deseo es que puedas encontrar tu propia puerta de entrada. No a “una práctica más”. Sino, a una metodología. A una cosmología. A una herramienta para conocerte. Para acompañarte. Y para acompañarnos. En lo individual. En la relación. En lo colectivo.


Te espero en la danza.

 
 
 

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