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Lo fascinante de equivocarse... en el presente, el error no encuentra lugar


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Uno de mis profesores de Teatro solía venir y decirme en mi primer año de carrera: “Gina, tienes miedo a fracasar. Si quieres crear, ¡debes fracasar!”

Todavía sigo bailando con mi gran compañera “María Berta Perfecta y Aplaudida”. (Si has hecho Mirrors o has leído todo el libro de Gabrielle Roth, sabrás qué divertido es empezar a nombrar y a identificar tus caracteres, y saludarlos cuando vienen a tomar el mando y el control de tu vida).


No hace mucho, hablando con un amigo que justo está arrancando su proyecto personal, conversábamos sobre el fracaso. Y de repente me escuché a mí misma diciendo: “La verdad, para mí, cada año es hacer más y más espacio al fracaso”. Cada proyecto, cada salto hacia algo más grande, hacia algo con más impacto, se siente posible justamente porque hago más espacio interno al error, a la idea de equivocarme y saber que está bien de todos modos. Que vivir es lanzarse, que practicar es equivocarse. Que en esto de seguir el beat puedo tomar izquierda, derecha y, al instante, sentir: “oops… aquí hay resistencia, hay pesadez… ¿la puedo mover? ¿La puedo respirar? ¿Y si busco de vuelta la posibilidad? ¿Me pide un cambio de lugar? ¿Me pide un cambio de ritmo?” Y eso… ¿es errar? ¿Es seguir el impulso? ¿Es fracasar?¿o es descubrirme, cambiante, flexible, resiliente?

Seguramente parte del regalo que Gabrielle Roth preparó para mí fue ese: liberarme de mi idea pesada del fracaso, de ver lo limitante, lo atrapada que vivía en ese lugar, de siempre querer dar un paso perfecto y aplaudido, inmaculado y brillante, a la primera. La Ola me enseñó que la verdad es ser tú en cada momento, incluso cuando decides cambiar de dirección, incluso cuando te recuerdas una y otra vez que lo que hay hoy vive en el hoy. Que mañana la ola dirá, y tocará —como en cada danza— respirar, sentirse, bailar.


Reflexionando sobre el error y el fracaso, por supuesto, mi feed de Instagram me muestra a una Rosalía que justamente habla de esto, de querer fracasar, de lanzarse a la vida y aceptar que quizá el resultado está en manos de Dios y no ya más en esa María Berta Perfecta y Aplaudida.

Y confiar, confiar, confiar, confiar.

La ciclicidad de La Ola me permite entender todo lo que puede vivir en un segundo, la inmensidad que habita en un instante. Me da herramientas para entenderme en cada uno de esos procesos, de esos momentos, de la gigantesca presencia del ahora. El fluido no está pendiente del staccato, ni la quietud del cierre de clase, o pendiente de que nazca el fluido de vuelta. Cada uno vive plenamente en el presente; cada uno se permite ser sin pensar en el otro. Por eso es tan importante conocerlos todos, saber cuándo mi presente me pide, fluido, me pide constancia (staccato), me pide rendición (caos), me pide creatividad (lírico), me pide presencia (quietud)... Conocerlos es conocerme, habitarlos es aprender a habitarme y en ese salto, entender una y otra vez la ciclicidad que va más allá de ellos, porque en verdad, todos los Ritmos saben que el otro llegará, que el ciclo continúa, que no necesitan cambiar ese ciclo, que no está en sus manos ni en las del DJ o en las de mi guía, sino quizá en ese misterio, en ese invisible, en ese inmenso.

Vive plenamente tu danza en cada ritmo y permítete probar cosas nuevas. Esto es un canvas en blanco, una plantilla en cero para que reflejes tu vida, tus patrones, tus ciclos y cómo te relacionas con ellos; cómo vives bailar con alguien, con el grupo, contigo misma…. Lo fascinante es que escuches, que leas lo que te pasa y, si decides darle voz, si decides preguntarle al cuerpo, y te permitas hacer algo distinto. 

Si siempre hago A, ¿puedo probar hoy hacer B y ver? 

Si siempre bailo en una esquina de la clase, si siempre estoy en el centro-centro de la sala, si siempre conecto y sonrío a todo el mundo, si siempre quiero desaparecer y que no se me vea… ¿puedo probar algo distinto? Tengo espacio para “errar”, para “practicar”. Solo así esta Ola puede llevarte a la siguiente. Solo así este lenguaje puede seguir expandiendo cada parte de tu ser, hasta descubrir que estás en movimiento, que estás cambiando, que estás en danza constante.

Por esto esta danza es una danza de por vida. Donde puedes, si quieres, revisarte y reflejarte en todo lo que aparece, se muestra o ves delante de ti. 

¿Tienes espacio para descubrirte?

¿Tienes espacio para verte entera, cambiante, danzante eterna?


·g·



 
 
 

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